La industria alimentaria y la economía circular

by Irene Ruiz Villar
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Qué es la economía circular?

EL modelo productivo que impera en nuestra sociedad es el que coge una serie de recursos, los transforma, los vende al consumidor y éste los desecha cuando pierden su utilidad. A este modelo de producción, en el que el flujo de recursos sólo va en un sólo sentido se le denomina «economía lineal«.

Diagrama economía lineal.

Hasta la fecha, la humanidad ha producido como si los recursos fueran ilimitados, y ha desechado sus residuos como si fueran a parar a un pozo sin fondo. El problema del futuro de la humanidad subyace en el hecho de que los recursos que utilizamos son limitados, no van a durar eternamente, y no pueden resistir mucho más tiempo este ritmo de extracción – desecho. A la velocidad que llevamos, en las próximas décadas vamos a necesitar más de un planeta para satisfacer nuestras necesidades como especie.

Ante el agotamiento inexorable de los recursos, y el aumento de la contaminación que el planeta es incapaz de asumir, las distintas corrientes relacionadas con el ambientalismo y la sostenibilidad han desembocado en un único concepto que se denomina «economía circular«.

La economía circular al margen de las consideraciones ambientales, tiene su argumentario en la rentabilidad económica.

Diagrama economía circular.

En la economía lineal todo el valor monetario del recurso, además del valor añadido que le otorgan los procesos de transformación, se pierden al final del ciclo.

La economía cicular propone que los sistemas productivos tienen que asemejarse a ecosistemas, donde la salida de un proceso es la entrada de otro. De acuerdo con la economía circular no es tolerable que un sistema productivo genere artículos de un solo uso, porque es desperdiciar su valor: por un lado el que es inherente a los materiales de los que se compone y, por el otro lado, el del propio del trabajo empleado en transformarlo.

Los ecosistemas no pueden «metabolizar» muchos de los materiales y artículos que produce el ser humano (com por ejemplo los plásticos). Como mínimo podemos afirmar que no son capaces de asimilar según qué substancias o productos en un plazo de tiempo que sea de utilidad para el ser humano. En el caso del plástico, por ejemplo, la naturaleza tarda siglos en descomponerlo, además de que procede de otro recurso, el petróleo, que tarda milenios en generarse, con lo cual el tiempo de espera para completar el ciclo es inabarcable por la humanidad. De ahí surge la necesidad de establecer un sistema tecnológico paralelo que vuelva a dar uso y transforme los recursos que emplea una vez han cumplido su función.

«La mejor baza de que dispone la economía circular es que su enfoque no parte sólo de la sostenibilidad sino que su piedra angular se basa en el sostenimiento del crecimiento económico, basado en la conservación de los recursos.»

En este contexto se plantea la economía circular como dos sistemas interrelacionados: el ciclo biológico y el ciclo tecnológico.

En el primer círculo entrarían todas las materias, recursos y productos elaborados que son biodegradables, que son reciclables por la naturaleza en un escala de tiempo «humana».

El ciclo biológico en la economía circular.

El ciclo biológico se asocia con la necesidad de producir alimentos incorporando criterios de sostenibilidad. Las explotaciones agroalimentarias deberían de ser mejores en tanto se asemejen a la sucesión natural implantando medidas que permitan , entre otros aspectos:

  • Devolver al suelo parte de la materia orgánica retirada, convirtiendo en fertilizantes algunos tipos de residuos agroindustriales, por ejemplo.
  • Velar por la conservación de la biodiversidad, para aumentar la resiliencia (capacidad de adaptarse al cambio).
  • Evitar introducir substancias que acaben contaminando suelos y acuíferos.
  • Proteger el mantenimiento de la estructura y la calidad de los suelos.

El ciclo tecnológico en la economía circular.

El ciclo tecnologico se correspondería con todos aquellos recursos que son de origen tecnológico, que no son asimilables por la naturaleza, y que tienen que ser reutilizados y reciclados dentro de los procesos industriales. Para ello los sistemas productivos deberían diseñar sus productos, y las partes en las que se dividen estos productos, teniendo en cuenta el uso futuro que se les va a dar una vez se haya agotado su vida útil. Es decir, se tienen que diseñar los bienes teniendo en cuenta que, una vez hayan cumplido su función, todas y cada una de las partes de dicho bien sea elemento de entrada de otro proceso sin que sufran pérdida de calidad o de valor.

Este concepto es complejo de imaginar, porque vivimos inmersos en la cultura de «usar y tirar» y la economía circular tiene carácter disruptivo en este sentido.

Los procesos industriales, y los productos que se generan deberían de estar diseñados como si fueran las piezas de un puzzle matemático. Es decir, que se pueden emplear casi de manera infinita para dar lugar a combinaciones muy diversas, sin perder valor, o perdiendo muy poco en cada etapa.

Ejemplo Tangram y economía circular.

La economía circular también señala la necesidad de optimizar la producción desde el diseño de procesos que consuman menos recursos, menos energía y menos agua, en definitiva, que tengan un impacto ambiental menor gracias al diseño eficiente y al aprovechamiento de los recursos.

La mejor baza de que dispone la economía circular es que su enfoque no parte sólo de la sostenibilidad sino que su piedra angular se basa en el sostenimiento del crecimiento económico, basado en la conservación de los recursos. Es decir, incorpora la gestión ambiental como un coste más, encaminado al sostenimiento de la economía productiva a escala global.

En este sentido también se incorporarían al balance coste-beneficio todos los gastos derivados de la corrección de un daño ambiental generado. En la economía ecológica esto se denomina «externalidad«, es decir, un gasto (o un beneficio) que se produce asociado a un determinado impacto ambiental, pero que no se tiene en cuenta en el balance de las organizaciones que producen dicho impacto, sino que es un coste que se asume globalmente.

La cultura del desperdicio

Como individuos, y como sociedad, nos cuesta mucho trabajo pensar en la economía circular como algo viable a medio plazo. En los países industrializados se consume mucho más de lo que se «necesita» y en la mayoría de los casos desechamos tal o cual cosa cuando ya no nos es necesaria, o puede ser reemplazable por un modelo superior.

Según la FAO, en el mundo se pierden o se malgastan cada año 1,3 billones de toneladas de alimentos.

Producción anual de residuos domésticos.

El nivel de generación de residuos relacionados con la alimentación es uno de los aspectos que debería remover conciencias por sí mismo. Según la FAO, en el mundo se pierden o se malgastan cada año 1,3 billones de toneladas de alimentos. Sólo en la UE se desperdician cada año 88 millones de toneladas de alimentos.

Además del desperdicio de alimentos, es destacable, por el grave problema ambiental que representa, la generación de residuos de envases, incluyendo los envases de plástico. Los envases de plástico en la industria alimentaria no están pensados para tener más de un uso, y una vez desechados, pierden su valor y se convierten en un problema ambiental de dimensiones inexploradas. Puedes leer más sobre el tema aquí y aquí.

En los hogares de los países industrializados el desperdicio de alimentos, según la FAO, ronda el 60%, y en los países en vías de desarrollo el 40%.

En lo que a producción de residuos de alimentos se refiere, el principal ámbito de generación es el doméstico, donde se generan más de la mitad de la totalidad de los residuos de alimentos.

En los hogares de los países industrializados el desperdicio de alimentos, según la FAO, ronda el 60%, y en los países en vías de desarrollo el 40%.

 

 

 

 

La cultura del desperdicio y el papel de la industria alimentaria.

Ante este escenario, el papel que tiene la industria alimentaria tiene dos facetas:

Por un lado, la industria alimentaria debería diseñar sus productos, sus envases y la información que se facilita al consumidor de tal modo que el desperdicio de comida en los hogares fuera el mínimo posible, u por el otro lado debería ser capaz de evitar  el desperdicio de alimentos durante el proceso productivo a través de medidas que permitan:

  • Optimizar la utilización de recursos auxiliares como el agua o la energía estableciendo sistemas que permitan recuperar parte de estos flujos, ya sea energéticos, o de aguas reutilizadas para procesos no productivos.
  • Diseñar los procesos para reducir, en la medida de lo posible, la merma en la fabricación del producto: implantando metodologías como el lean management, que favorecen la producción de lotes pequeños y una alta capacidad de personalización del producto en función de las preferencias del cliente.
  • Participar en sinergias y simbiosis industriales a través del upcycling. El upcycling viene a substituir el concepto de reciclaje, o downcycling. Mediante el downcycling se transforma un residuo para obtener un producto de calidad inferior a la materia prima original. En el upcycling, el residuo de una etapa o proceso es elemento de entrada o materia prima de otro proceso, lo que reduce su pérdida de valor.
  • Implantar sistemas de gestión que implementen medidas destinadas a mejorar la vida útil de las materias primas y de los productos acabados, a través del establecimiento de medidas específicas relacionadas con el almacenaje, el transporte, la temperatura, etc.
  • Mejorar el diseño de las instalaciones y de los equipos para prolongar su uso en el tiempo. Mejorar las tareas de mantenimiento implantando programas de mantenimiento predictivo con el fin de minimizar las averías.
  • Ajustar la capacidad de las unidades de venta a los requisitos reales de los clientes , sin descartar los sistemas de devolución y retorno, o Pallla comercialización a granel.

Ejemplos de iniciativas de economía circular en la industria agroalimentaria.

Recientemente el INE ha publicado los datos referentes al gasto asociado a la protección ambiental de las empresas españolas. Según estos datos el sector de la alimentación encabeza el gasto en protección del medio ambiente con un 23% del total, lo que representa casi 600 millones de euros. La concienciación del sector pasa por la comprobación de que, en la mayoría de los casos, el retorno de las inversiones en mejoras ambientales se traduce en un icremento de los beneficios.

Compañías, asociaciones y organizaciones gubernamentales impulsan por toda Europa iniciativas para mejorar la sostenibilidad del sector:

  • DUTCH FOOD AND DRINK ASSOCIATION (Holanda): Impulsa la selección de variedades vegetales, como por ejemplo las patatas, para que su forma se ajuste mejor al corte al que se someten en las plantas de procesado.
  • DANONE (Francia): Ha construido una planta para la producción de metano a partir de la conversión de residuos agrícolas.
  • PEPSICO: Empleando recursos renovables y mejorando el diseño de los envases han conseguido en 2013 reducir en un 93% la generación de residuos no valorizables.
  • INDULLEIDA (España): Se dedica a la producción de zumos empleando como materia prima los productos hortofrutícolas que no cumplen las especificaciones para su venta.
  • PALLETS CHEP: Fabrican, reparan y suministran envases y embalajes reutilizables para la industira funcionando como un sistema de depósito-devolución-retorno en la UE.
  • KELLOGGS EUROPE: Colabora con los bancos de alimentos donando los productos que, aún siendo seguros, no cumplen las especificaciones para su venta. En las plantas de Manchester y Wrexham emplean distintos dispositivos para recuperar el calor residual producido en diferentes fuentes para calentar agua que se emplea en procesos auxiliares.

Todas estas iniciativas pueden ser catalogadas dentro de la economía circular, pero corremos el riesgo de que, a base de calificar las iniciativas de mejora ambiental indiscriminadamente dentro de la economía circular, se pierda de vista que los aspectos necesarios para que la transición hacia la economía circular tenga éxito son, precisamente, los que hacen triunfar (o extinguirse) un ecosistema.

El papel de las políticas públicas en el éxito de la economía circular.

Los ecosistemas que tienen más probabilidades de sobrevivir son los que son más resilientes, es decir, que tienen una mayor capacidad para adaptarse al cambio. Esta capacidad de adaptación depende en gran parte dela biodiversidad que tienen dichos ecosistemas.

Traducido al sistema productivo, si la economía circular tiene que triunfar tiene que ser a base de multiplicar y diversificar los esfuerzos necesarios para llevar a cabo un determinado fin.

No sería suficiente con lanzar iniciativas aisladas en este sentido, sino que las organizaciones encargadas del establecimiento de políticas sectoriales deberían fomentar el cambio de paradigma a todos los niveles.

En este sentido las organizaciones gubernamentales tienen que establecer mecanismos y políticas que permitan:

  • Forzar la incorporación del valor de las externalidades ambientales a los balances empresariales empleando el principio de «quien contamina paga» y los sistemas de responsabilidad ampliada del productor.
  • Fortalecer el sostenimiento de los principios y criterios de economía circular diseñando herramientas fiscales que graven o beneficien a las empresas.
  • Financiar y promocionar la investigación en relación al uso de recursos y tratamiento de subproductos (upcycling/downcycling) en cuanto a la viabilidad de su reutilización y/o  regeneración y el impacto que esto genere sobre el medio ambiente.
  • Diseñar campañas de comunicación que difundan en los consumidores los principios de la economía circular y la necesidad de una nueva relación entre el consumo y la producción. Dichas campañas deben de trasladar al consumidor su papel como actor principal en cuanto a la toma de decisiones empresarial, a través de la orientación del consumo.
  • Favorecer el establecimiento de programas educativos y formativos que permitan capacitar profesionales aptos para desarrollar otro enfoque en los sistemas productivos.

Las sociedades de los países industrializados nos enfrentamos a una transición a todos los niveles. El acceso a casi infinitos canales de comunicación e interacción nos permite desarrollar y compartir ideas que, de otro modo, tardarían décadas en calar en el imaginario colectivo. Este hecho es algo que no podemos dejar de aprovechar si queremos lograr un cambio real.

El modo en que producimos y en cómo controlamos los procesos hoy no tendrá nada que ver en el modo en que lo haremos en un futuro más cercano de lo que imaginamos. La incorporación de la tecnología de gestión remota al control de la producción y los procesos nos colocará en un escenario en el que tendremos más información, con menos esfuerzo, lo que permitirá que nos adaptemos con mayor facilidad a los cambios que están por venir.

 

 

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